miércoles, 16 de julio de 2014

India y el Infinito



Huston Smith. INDIA Y EL INFINITO.    El alma de un pueblo.
Título original: India and the Infinite, The Soul of a People.
Traducción de Sergio A. Fernández Bravo

             El sueño de una tierra legendaria acosa a la humanidad como un espejismo eterno. Algunos lo llaman Atlántida, otros lo llaman Edén, algunos Tíbet.  Para Colón fue India, y para millones sigue siendo India.
            El suelo de India puede ser considerado fácilmente como parte del alma de India.
            En ello coinciden todos los que en India se han sumergido físicamente en su química: India es diferente.  Recuerdo mi primera visita como si fuera ayer; el largo camino desde el aeropuerto de Delhi. Había una extraña mezcla del olor del estiércol de vaca con curry, surgiendo de millones de chimeneas en el polvoriento aire del anochecer. ¿Latía mi corazón? ¿O estaba extrañamente silencioso mientras se daba lentamente cuenta de estar ahí? ¿Qué era lo que constituía ese lugar? Esa gente tan diferente, pero que al mismo tiempo me hacía pensar que la conocía, que la he conocido desde siempre. Una parte de mí parecía haber estado ahí desde el principio. Mis primeras semanas en India fueron muy intensas; los días no eran lo suficientemente largos para dejarme embeber de sus paisajes. Había conocido antes tribus exóticas, pero ante mí estaba una civilización completa que era exótica.
            ¿Cuál es el secreto de India, la clave de su singularidad? Nunca podría señalar exactamente lo que hace a India diferente, porque la respuesta parece serlo todo, hasta los yogas con el cabello tan largo que lo usan como turbante.
            Todo acerca de India es diferente porque India parece incluirlo todo. Los principales tipos raciales han sido atrapados en su cuello profundo. Negros en el sur; en el norte brahmanes del color del trigo. En tanto que en lenguaje hay tantos que el inglés debe importarse para acuerdos generales.
            Sólo Bangladesh y Pakistán son más pobres, pero en medio de un mar de pobreza se alzan islas de riqueza monumental que nos quita la respiración.  En general, el ayer es más visible que el mañana, con millones de seres viviendo un modo de vida que puede rastrearse hasta los pasados 4,000 años.
            Sin embargo, junto a la carreta y el arado de madera hay una Asia de alguna forma tan moderna como Air India.
            Una pureza asombrosa contrasta con un libertinaje igualmente asombroso, con la voluptuosidad desnuda de los frisos de los templos, al lado de ascetas desnudos tendidos sobre lechos de clavos. Esas paradojas abarcan hasta a Dios. Trescientos treinta millones de deidades sugieren que el politeísmo se salió de control, hasta que descubrimos que no otra cosa sino el Dios verdadero es lo que se expone. ¡Qué asombroso caos, qué jungla de vida y pensamiento semejante a los rostros en los templos que ocupan toda superficie disponible! Nada parece haber sido pasado por alto, nada ha quedado excluido, y en esto puede estar la clave de lo que hace diferente a India, puesto que la India visible no excluye nada, pero en lo invisible que no se excluye nada está lo infinito: el alma de India es el infinito.

INDIA Y EL INFINITO – El alma del pueblo
            Los filósofos nos informan que los indios fueron los primeros en concebir un infinito verdadero en donde nada queda excluido. Occidente oscurece esta noción. Occidente gusta poner fronteras que distinguen y dividen. Sin embargo la dificultad está en que las fronteras también aprisionan, restringen y limitan. India percibió claramente esto y volvió la vista hacia donde no existe frontera alguna.
            India ancla su alma en el infinito, considerando las cosas del mundo como máscaras asumidas por el infinito.  Claro está que estas máscaras son ilimitadas, si es que van a expresar el verdadero infinito. Y es en este punto donde la errática variedad de la mente india se une a su alma infinita. India abarca tanto debido a que su alma, siendo infinita, no excluye nada. No es preciso decir que el universo que India vio emerger de ese infinito era estupendo.
            El antiguo observatorio de Delhi nos recuerda que en tanto que Occidente seguía considerando que el mundo tenía quizá 6,000 años de antigüedad, India ya imaginaba épocas y, más allá, galaxias tan numerosas como las arenas del Ganges; un universo tan vasto que la astronomía moderna se escurre entre sus agujeros sin lastimarse. Pero no es el universo como un todo el que capta todo nuestro interés, sino la parte que tenemos de él, nuestro propio planeta y la vida que contiene. La forma en que India vio al infinito registrando su infinitud en sus partes, fue en la variedad de sus poros y en todos sus resquicios. Tomemos como ejemplo la religión. India asumió como rutinario que podrían existir muchas religiones, y las adoptó hasta un grado como ninguna otra cultura ha igualado. Su tradición básica es, claro está, el Hinduismo, pero cuán numerosos son sus compañeros. El Budismo, que llevó la iluminación a toda Asia, nació aquí, en Bodh Gaya.
            Se dice que este árbol hizo llover pétalos toda la noche en que Buda fue iluminado bajo su sombra. El Jainismo, que surgió como protesta contra el Hinduismo, pronto tomó el papel de un pariente respetado.
            El cristianismo indio se remonta del discípulo Tomás a Cristo mismo. Y aun en la división de Pakistán y Bangladesh, hay en India casi tantos musulmanes como en todo el mundo árabe. Aquí los sijs que buscan un rastro de realeza en su propia Biblia, el Granth, la que consideran un guru viviente, pactan una especie de compromiso entre hinduismo e islamismo.
            Y los parsis y los zoroastrianos prosiguen hasta nuestros días la religión de los Reyes Magos que siguieron la estrella hasta la cuna de Cristo niño. El historiador de religión puede hallar casi lo que quiera representado intensamente en India.
            Cuando salimos de vacaciones tendemos a buscar el descanso o la aventura, el indio sale en peregrinación, no siempre, pero con mucha mayor frecuencia que nosotros. El último festival religioso al que asistí en India apiñó veinte millones de peregrinos durante un mes de duración. Las ramas religiosas que se reunieron eran variadas, pero de alguna manera se adecuaban. como los papeles de un mismo drama.
            Aquí el Guru Sai Baba dice a sus seguidores que uno se puede dirigir al Señor con cualquier nombre que sea dulce al paladar, o dibujarlo en cualquier forma  adecuada al sentimiento propio o que sea atractiva al sentido particular de la imaginación. Que se le pueda cantar como Shakti, Jesús o Alá, o como el amorfo maestro de todas las formas, no tiene ninguna importancia. Él es el principio, el centro y la conclusión, la sustancia básica y la fuente de todo.
            Claro está que no es sólo en la persuasión religiosa en donde la gente difiere. Estos hombres y mujeres que llenan los sitios para el baño con los Banars[1] son todos hindúes. Pero cuán diferentes son. Tienen un físico distinto, claro está, pero India se percibe en su cuerpo y en sus mentes, donde halla la fecundidad del infinito estallando como un fuego de artificio. Ninguna otra civilización vio, apreció y clasificó con tanta precisión el espectro total de los tipos de personalidad humana y el logro que ha dado a India el título de principal psicólogo introspectivo del mundo.
            La clave de esta capacidad de percepción es el reconocer hasta dónde difieren las personas y el grado en el que estas diferencias deben respetarse.
            Para comenzar, son gente diferente que desea cosas diferentes. Algunos desean placer, otros quieren tener éxito, otros hacer bien lo que necesita hacerse y otros más quieren tener seguridad. A pesar de lo diferentes que son estos deseos, India los acoge a todos, con la única salvedad de no quedar atrapados en los peldaños bajos de la escala.
            Otra manera en que se difiere de los demás es la etapa de la vida en que se está, y nuevamente India atesora cada una de estas etapas. Todas las civilizaciones se deleitan con los oídos mágicos de la niñez y las etapas de búsqueda de la juventud y de la madurez. La amplitud de la visión india le llega en referencia a su consideración de nuestros años posteriores; India los considera potencialmente los mejores años de todos. Explícitamente los estructura para la búsqueda de nuestra auténtica educación adulta, de manera que antes de que la vida concluya, podamos entender qué sentido tuvo.
            Todos nos movemos a través de diferentes etapas de la vida, pero lo hacemos como diferentes tipos de personas, diferentes tipos de personalidad. India identifica cuatro de esos tipos, y una vez más les hace honores a todos impulsando la sociedad hacia un organismo en donde pone a los brahmanes a la cabeza. Los brahmanes son intelectuales que encuentran fácilmente deleite en el arte, las ideas o generalmente en cosas espirituales. Les siguen los brazos y hombros de la sociedad, sus administradores, personas que poseen el talento para que las cosas se realicen. Un tercer tipo de personalidad son los artistas y los artesanos, el ingeniero y el labriego. India compara a estos individuos al estómago de la sociedad, ya que producen y nos alimentan con las cosas de las que depende la vida. Finalmente los trabajadores manuales son también importantes pues son las piernas y pies sin los que la sociedad no podría caminar.
            Diferimos en lo que queremos, en la etapa de la vida que hemos alcanzado, en el tipo de persona que somos, y finalmente en la forma en que concebimos a Dios. Las personas afectuosas se acercan a Él amándolo; los individuos reflexivos conociéndolo; la gente activa sirviéndolo, y los del tipo contemplativo meditando sobre Él. Todas estas cuatro formas de unión yoga, alcanzan la misma cima. Sea cual fuere la que se siga dependerá del temperamento espiritual, del lado de la montaña por donde se empiece a escalar.
             Lo que significa ‘escalar’ en este contexto nos lleva al punto de más difícil comprensión respecto a India. Decir que ella es la fuente de la que todo nuestro universo obtiene su infinitud es ya decir demasiado. Ya hemos visto que produce una cosmología prodigiosa en sus alcances, en su protocolo y en su variedad. Pero India no se detuvo aquí, continuó avanzando hasta llegar a lo que es quizá su hipótesis más osada jamás concebida por el hombre: nosotros mismos somos el infinito, el infinito auténtico de donde surge el universo. Claro está que ello no es un modelo, pero todo en el hinduismo funciona para llevar adelante el asunto.
            Está también mal pensar en imágenes como la que se muestra aquí como una procesión de ídolos, como si el cobre mismo fuera el que va a ser adorado. Son sólo recordatorios del Dios que  habita en las profundidades de nuestras almas.
            O pensemos en los fabricantes de altares cuyos devotos ornamentan esta enorme altar de roca en Shrinagar con pintura anaranjada y lo decoran con mandalas hechas con pétalos de flores.. Pero en donde quiera que se levanta un altar está en él el centro del universo, el acceso al mundo pasa por él, no obstante que ningún altar visible es otra cosa que un símbolo del único altar verdadero: el corazón humano. Y decir que su acceso cósmico lo atraviesa, es decir que está en contacto directo con el infinito. El hombre no sólo está hecho a imagen de Dios: él es Dios.
            Nos es difícil describir la diáfana inmensidad del ser que esta noción invoca. Y vemos que los actos rituales como el que aquí se efectúa, parecieran estar dirigidos a un potentado celestial muy lejano, y por lo tanto, son difíciles de considerar por quienes se inician en este sendero, quienes los ven más como fórmulas de alquimia, como una ciencia de transformaciones hechas para mostrarnos la cantidad de oro que yace inmersa en nuestras profundidades.
            Pues somos reyes que hemos sucumbido víctimas de la amnesia y vagamos por nuestro reino en andrajos sin saber quiénes somos en realidad.
            O como amantes que en sueños buscan desesperadamente en la amplitud del mundo al amado perdido, que en realidad yace a su lado por medio del acto[2].
            La perspectiva de una divinidad dentro de nosotros no provoca en el indio sueños de poder sobre otros, sólo sobre sí mismo. A medida que el dios interior aflora, no nos individualizamos más, nos adecuamos más. Todo lo que se nos presenta en nuestro camino empieza  a tener el extraño sentido de ser de algún modo hechura nuestra. Nos encontramos afirmando nosotros mismos la justeza del mundo tal como ocurre.
            Las campanas anuncian que la ceremonia ha terminado; ahora no resta sino transportar su sentido a nuestra vida diaria.
            Siguiendo el esfuerzo de India para descubrir nuestra dimensión infinita, hemos estado buscándola en la religión, pero en igual forma podríamos haberla estado buscando en su arte, pues en India ambos son lo mismo: el arte es religión, la religión es arte.
            Sin nunca haber dependido de la escritura en la forma que lo hacemos, India expresó la mayoría de sus textos sagrados en canciones, en bailes y en piedra. Lejos de buscar el arte por el arte mismo, el suyo es estricto utilitarismo. El propósito es informar y transformar. Informarnos sobre la manera en que las cosas son en realidad, transformarnos en la forma que nosotros podríamos ser en realidad.
             No hay figura ni arte más amado que el dios danzante Shiva, señor de los bailarines, rey de los actores, con el cosmos como escenario. Danza incesantemente en las estrellas que se mueven con la rotación de las estaciones, al ritmo del corazón humano. Sin descanso, sin esfuerzo alguno, su ritmo reúne todo en la eternidad.
            No obstante, si hubo una forma de arte a la que India fue adicta, fue la escultura, quizá porque llevo su infinitud a la eternidad. Al esculpir la roca presentaba un mapa en relieve del mundo como debiera verse, si tuviésemos los ojos para ver su misterio y su promesa. El mundo se opone fuertemente a nosotros por asociar la estatuaria con los libros de arte y los museos. Para ver las obras como lo hacen los indios, deben devolverse a las colinas y a los templos de donde los coleccionistas de arte las arrancaron. Debemos descubrir su prosapia y estar dispuestos a ser cambiados al entrar en su presencia. Debemos acogerlos como imágenes de lo que nosotros mismos somos potencialmente, sin olvidar que somos peregrinos que viajamos extensas distancias para ver a Dios, y que lo veamos dependerá de nosotros mismos. No vamos a ver el brillo de las gemas, sino la realidad invisible a la que tienden. Vamos a compartir una comunión.
            Los indios no ven objeto en tallar réplicas de las cosas que vemos usualmente: ordinarias y prosaicas. La oportunidad que nos da el arte es ver con mayor profundidad de lo que usualmente hacemos, ver al infinito revolviéndose en las cosas que se preparan para florecer. De esta manera todo en estas formas hace una sombra mayor que la vida, sea su calidad poderío, o ternura, o belleza, o arrobamiento.
            Las imágenes son despertadas para nuestro despertar, para nosotros los que aún dormimos. No hay en ello entendimiento sin estímulo. Entender es renacer.
            Los ríos han sido siempre vitales para India, al igual que los monzones. Hasta recientemente, se hicieron imprácticos puentes, y el ferry que nos podría llevar a la otra orilla se volvió una metáfora de la vida. En las temporadas de diluvio, las corrientes de los ríos pueden arrastrar una cosecha y hacerla parecer por un tiempo desarraigada, pero al final nuestro destino es seguro. Pues nada puede ya dar fuerza al infinito, y el infinito es a lo que finalmente pertenecemos. Cuando nuestro viaje haya concluido, conoceremos el júbilo hacia el que nuestro anhelo y nuestra avidez tan ciegamente nos impulsaban. Y en ese gozo encontraremos nuestra insondable paz.
            Mark Twain dijo una vez que India es el único país bajo el Sol que todo mundo desea ver, y habiéndolo visto una vez, aunque sea brevemente, no cambiaría ese vistazo por la suma de todos los espectáculos del resto del mundo.
            Sus críticos dicen que uno de los mejores libros que han sido escritos sobre India: “Pasaje a la India” de E.M. Forster, se escribió para probar que la India real no existe.
            Sí y no. Tierra y alma. La tierra de India está oculta a las agencias locales de turismo. Y en cuanto a su alma se nos dice que hay un sitio al que no podemos llegar caminando sin rumbo.


[1] Al parecer éste es el término que utiliza el autor en su lectura. No logramos saber qué es, por lo que se incluye en el texto en cursivas.
[2] Otra palabra difícil de entender en la lectura. ‘Act’ no parece tener sentido en este contexto.

A mí si me ha funcionado el término espiritualidad.


Espiritualidad en los jóvenes. El colchón, el resorte, el oído.

Me gustaría hablar sobre este tema gracias a la cercanía que he tenido durante más de 10 años de mi vida.  De los 14 a los 21 años fui sido parte de un grupo católico nacional llamado Éxodo que más allá de enseñarme partes de la misa, ciertas reglas y de más dogmas de la iglesia católica ha significado para mí un gran motivo de transformación en mi proyecto de vida y trato con el prójimo. Este cambio ahora lo llamo "espiritualidad".

No pretendo hablar del grupo, sus características o maneras de funcionar,  lo que abordaré es sobre el fuerte significado de la espiritualidad que transformo por completo mi estilo de vida. Y aclaro, en este caso fue católico, pero tanto cristiano, musulmán, hindú o judío pueden ser ejemplo de este ensayo.
El hecho de confiar y seguir cierta espiritualidad ayuda como "colchón" en los retos que la vida misa te involucra.

Ahora sí a los que nos "truje chencha"... ¿Porqué dedicarle un comentario en el blog a esa palabra espiritualidad que resulta bastante ambigua y se presta a tantas interpretaciones como lectores puede tener este ensayo? Respuesta simple y concreta: -"Porque me ayudo a creer y actuar en una misma dirección. Formo mi coherencia y sentido de la vida humano."

Realmente más allá de que la doctrina que desarrolló en mí la palabra espiritualidad pertenezca a la iglesia católica a mi parecer cualquier movimiento que te ayude a pertenecer, te de herramientas para formar tu personalidad, implante en tí el sentido del cambio y busque logran objetivos en un mismo sentido puede significar un "colchón", "resorte", "oído", y muchas veces un amigo (es muy cursi ya o sé, pero real en mi experiencia).

No voy a investigar el significado de la palabra espiritualidad, ni quiero saber su significado etimológico  porque creo que ensuciaría bastante esta relación que he formado con ese estilo de vida. Más bien pongo sobre letras lo que ha significado en una joven con 22 años, con sueños y retos difíciles, ¿cómo es que una simple creencia / camino que seguir/ estilo de vida puede llevarme estados de tranquilidad y esperanza, estados de empatía y alegría con el prójimo, de buena vibra?

Lo simplificaré con una metáfora. Si te caes de la cama llegas al suelo duro y frío, en cambio si te caes de la cama y hay un colchón abajo no te pegas dan duro. Si sientes que vas cayendo y observas un resorte lo que harás será rebotar hacia arriba de nuevo, de lo contrario te estrellarías en el suelo.

Algo así ha funcionado la espiritualidad en mí, sobre todo en el sentido de sentirme protegida a través de mi coherencia en el actuar y el hablar. ¡Qué vaya falta hace en el mundo!

La comunidad Amish en el mundo moderno


En el siguiente documental se muestra la vida de varias personas que nacieron en familias con religión amish. Ellos no están conformes con sus vidas, por lo que deciden salir de sus comunidades dejando atrás sus tradiciones y a sus familias para vivir en el mundo moderno.  Llegan entonces a Columbia Missouri, donde un ex amish que tiene siete años de haber salido de su hogar, les ofrece trabajo,  vivienda, y los apoya en lo que pueden acomodarse dándoles la oportunidad de empezar una vida nueva.

¿Qué opinas de esto? : Estigmas, manifestación de lo divino


Adjunto un link en el que me basé un poco para la realización de mi trabajo final, me pareció interesante pues es un tema que a mí en lo personal no me convence mucho, pero me llama la atención que aunque la iglesia lo ha manejado con discreción, de cierta manera lo aprueba, sin necesitar ningún tipo de explicaciones, porque como hemos visto a lo largo del curso, no las necesita, aunque claro que ellos manifiestan su explicación divina, pero lo relacionan con explicaciones científicas.

¿Qué opinas al respecto?

Estigmas
NASA - MANO DE DIOS
Publico este artículo, porque se me hace interesante la cuestión, de que una organización científica, de las más prestigiosas publique imágenes, que si bien no hablan literalmente de la existencia de la mano de Dios, si involucren la experiencia religiosa. 

martes, 15 de julio de 2014

INTOLERANCIA


Más de alguna vez hemos  tenido roces con otras personas por diferenciarnos en lo que creemos o actuamos, algunos no contienen el hervor y explotan, otros prefieren dejar el tema en paz, así de simple.
Qué pasa cuando ese choque es contra la ideología política de tu país y, sin esperarlo, los poderes del Estado determinan que tus acciones cotidiana resultan ilícitas ante las leyes de preceptos religiosos.

En el siguiente artículo se expone una situación similar: Donde una mujer joven lleva la vida a su manera y es delatada por un familiar  por  contraer matrimonio con un cristiano, religión a la que pertenece, sus acciones según las autoridades del lugar amerita 100 latigazos y condena a muerte.

En lo personal me inquieta la intolerancia generada por la religión, que funciona como  una venda sobre los ojos que rompe las posibilidad de un diálogo objetivo, como aquel que se encabrona en la discusión y hace uso de su poder para plantarse y ser inamovible.

La religión lleva a tal nivel de intolerancia a las personas, incluso sobre personas cercanas como lo son los familiares.

¿Es el universo una máquina para producir dioses?

El filósofo francés Henri Bergson quería conciliar la teoría de la evolución de Darwin con la teología cuando dijo: “La humanidad no se percata lo suficiente de que su futuro está en sus manos. Primero está la tarea de determinar si quiere seguir viviendo o no. Es suya la responsabilidad, entonces, de decidir si sólo quiere vivir, o intentar hacer el esfuerzo extra requerido para cumplir,  incluso en este planeta refractario, la función esencial del universo, que es una máquina para crear dioses”. (Las dos fuentes de la moral y de la religión). Aquí tenemos lo que podemos llamar una teoría de la evolución cósmica esbozada brevemente, pero que probablemente nunca haya sido tan vigente como en la actualidad, a la luz de la física cuántica y la cosmología moderna.
Si bien el problema de definir un dios creador único, fuente de todo lo que existe, es un problema metafísico complejo que, salvo alguna argucia, nos remite a un loop de referencias ad infinitumy también al plano de lo inefable, donde habita lo místico, justamente aquello de lo que no se puede hablar, puesto que nuestro lenguaje -al igual que nuestro entendimiento- es insuficiente para abarcar o meramente describir este Ser que es en cada cosa el ser -trascendente e inmanente, el nombre que no se puede nombrar, el camino que no se puede recorrer y sin embargo el eterno nombre y el eterno camino… una dimensión paradójica-… sí podemos hablar con mayor solvencia de los dioses. Recordemos que una traducción fidedigna de la Biblia, traduciría Elohim como dioses, en plural, y no como el Dios único, masculino, vengativo y básicamente temible del viejo testamento. En cierta forma estaríamos hablando de demiurgos, de creadores de mundos, posiblemente de diseñadores de universos.
Tomando la idea del físico Alan Guth, a quien debemos la teoría del universo inflacionario, de que en teoría es posible cultivar un universo en el laboratorio, el físico de la Universidad de Sussex,John Gribbin, cree que esto no sólo es posible sino es consecuencia lógica de la evolución de la vida en un universo tan grande como el nuestro donde existen miles de millones de planetas, en los cuales la vida pudo haberse gestado y evolucionado por eones.
Gribbin, a diferencia de Bergson, no quiere conciliar la teología con la ciencia, y por esto concibe creadores de universos desdiosados, en algunos casos sólo civilizaciones avanzadas jugando un poco con el huevo del caosmos. Existen, según Gribbin, tres formas de crear un universo, todas ellas ligadas a la posibilidad constantemente esbozada por la ciencia moderna de que los agujeros negros contienen en su hermético interior un universo paralelo, formando una red de universos o multiverso.
La primera es recrear un agujero negro sin influenciar las leyes del nuevo universo. Un nivel al que se acerca la humanidad, como prefigura la novela Cosm de Gregory Benford, en la que una investigadora se encuentra con un universo nuevo del tamaño de una bola de béisbol después de que explotara un acelerador de partículas.
El segundo nivel sería el de una civilización manipulando las propiedades de un universo joven en cierta dirección; podría ser posible alterar un agujero negro de tal forma que la gravedad fuera más fuerte que en el universo madre, sin que los diseñadores tuvieran un control preciso.
El tercer nivel de esta escuela de diseño cósmico, involucraría la habilidad de establecer parámetros precisos, de esta forma diseñar a detalle (como los fractales que vemos o la información holográficamente contenida en cada parte, una fina firma de un co-demiurgo esteta). Gribbin cree que nuestro universo sería el resultado de un diseño así. Una analogía sería los bebés de diseño en los que se puede manipular el ADN para obtener un ‘niño perfecto’, una civilización avanzada podría manipular las leyes de la física para obtener un universo perfecto (un universo perfecto sería aquel en el que las condiciones estuvieran dadas para que se creara inteligencia capaz de crear otro universo y así sucesivamente asegurando la perpetuidad de aquello que genera universos).
Por extravasada que esta teoría pueda sonar, el legendario físico Roger Penrose ha calculado que para explicar el bajo nivel de entropía que tienen el cosmos es necesario que nuestro universo sea parte de una cadena infinita de universos. Sobresalientemente se han encontrado círculos concéntricos en la radiación de fondo de microondas que podrían ser ventanas hacia un universo previo, fluctuaciones esféricas dejadas atrás por los efectos gravitacionales del choque de agujeros negros en un universo anterior (¿flashbacks en la mente de Brahma?).
Stephen Feeney y sus colegas del University College de Londres, investigando la radiación de microondas de fondo, el eco del Big Bang, encontraron “cicatrices cósmicas” que llevan a pensar que nuestro universo ha interactuado con otros (por lo menos cuatro) universos anterioremente. El modelo con el que hicieron sus calculos estos físicos, es el llamado de inflación eterna. En este modelo el universo es una burbuja en un cosmos aún más grande que contiene otras burbujas, cada una de las cuales tiene leyes físicas particulares. La inflación eterna predice que las burbujas probablemente hayan tenido un pasado violento, chocando entre sí, lo cual dejaría cicatrices cósmicas en los puntos de interacción. Estas ‘cicatrices’ deberían de ser visible en la radiación de fondo. Feeney ha encontrado cuatro círculos consistentes con ser colisiones de burbujas dentro del multiverso propuesto por la teoría.
Una buena pregunta en este momento sería -aceptando la posibilidad de que nuevos universos se pueden crear a partir de un universo anterior- es si ¿esta cosmogénesis es solamente un acto reflejo, un proceso mecánico de la programación del universo, o una manifestación de la evolución de la inteligencia dentro de un universo que, como medio de supervivencia, se perepetúa creando un nuevo universo?
Consideremos la posibilidad de que la evolución puede llegar a tal punto de generar seres inteligentes capaces de crear un universo, en la práctica, dioses. Actualmente la idea de la divinidad en nuestro planeta está entretejida con la idea de las inteligencias extraterrestres. Una de los más elementales custionamientos que se hace a la existencia de civilizaciones extraterrestres -como a la existencia de la divinidad- es ¿por qué no se han comunicado con nosotros o manifestado de alguna forma conspicua? No es difícil de desestimar esta pregunta como antropomórficamente aberrante. Más allá de que algunas personas sostengan haber tenido la teofanía o el avistamiento de la otredad cósmica -divina o extraterrestre-, habría que considerar la posibilidad de que seres más evolucionados que nosotros podrían ser completamente impercebtibles, ya sea por nuestra falta de tecnología, como por nuestra falta de agudeza evolutiva. De la misma manera que el místico necesita desarrollar el ojo interior para poder presencia la divinidad, es posible que sea necesario desarrollar ese ojo cósmico -tecnología más allá de la física actual, en cierto sentido meta-física- para percibir las frecuencias o las conciencias extraterrestres. Pero Kubrick lo dice mejor, explicando su obra maestra de ciencia ficción:
“El concepto de Dios está en el centro de la película. Es inescapable que estuviera, una vez que crees que el universo está lleno de formas de inteligencia avanzada. Sólo piensa en esto un momento. Hay 10 billones de estrellas en la galaxia y 10 billones de galaxias en el universo visible. Cada estrella es un sol, como el nuestro, probablemente con planetas alrededor. La evolución de la vida, se cree ampliamente, viene como consecuencia inevitable del tiempo en un planeta en una órbita no demasiado fría ni demasiado caliente. Primero viene la evolución química -la recombinación aleatoria de la materia primordial-,  luego la evolución biológica.
“Piensa en un tipo de vida que haya evolucionado en uno de esos planetas por cientos de miles de años, y piensa, también, que tipo de avances tecnológicos relativamente grandes ha hecho el hombre en 6 mil años de civilización registrada -un periodo que es menos que un solo grano de arena en un reloj cósmico de arena. Al tiempo que los ancestros distantes del hombre empezaron a salir del mar primordial, ya deben de haber existido civilizaciones en el universo envíando sus astronaves a explorar las regiones más lejanas del cosmos y conquistando los secretos de la naturaleza. Tales inteligencias cósmicas, creciendo en conocimiento por eones, estarían tan distantes del hombre como nosotros estamos de las hormigas. Podrían estar en comunicación telepática instantánea a lo largo del universo, podrían haber logrado la maestría total sobre la materia y de esta forma se podrían transportar instantáneamente a través de billones de años luz de espacio; en su última fase podrían abandonar la forma física y existir como una consciencia incorpórea inmortal en todo el universo.
“Una vez que empiezas a dicutir las posibilidades, te das cuenta que las implicaciones religiosas son inevitables, porque todos los atributos esenciales de tales inteligencias extraterrestres son atributos que le damos a Dios. Con lo que en realidad estamos tratando aquí es con la definción científica de Dios. Y si estos seres de inteligencia pura alguna vez intervinieron con los asuntos del hombre, sus poderes estarían tan lejanos a nuestro entendimiento. ¿Como verá una hormiga el pie que  aplasta su hormiguero–cómo la acción de un ser en una escala evolutiva superior? ¿O cómo la divina y terrible intercesión de Dios?”.
O alterando alevosamente la famosa frase del autor del libro 2001: Odisea al Espacio, Arthur C. Clarke: “Una civilización extraterrestre suficientemente avanzada sería indistinguible de Dios”. Estos dioses extraterretres podrían estar ocultos en esta misma habitación, tejidos en la madeja de la matriz de realidad, doblados en las supercuerdas del éter, ser el espacio mismo en el que  nos movemos, la conciencia del mar, el azul imperial del cielo. Complementa Christopher Knowles:
“En la medida en que muchos de nosotros evolucionamos a una vida virtual, experimentaremos cosas que aquellos afuera nunca entenderán. Y si podemos concebir de un ambiente virtual inmersivo (aunque no podamos crear uno del todo), no es difícil imaginar una raza con miles de años de ventaja (ni siquiera un parpadeo en noche cósmica del tiempo) que pueda transmitir estos ambientes a través de individuos aletaorios a través de medios interestelares”.
El camuflaje de una deidad poderosa, no sería un traje, no sería una máscara, la deidad sería tanto el camaleón, como la hoja en la que se oculta, como los colores con los que se transmuta, en palabras de Phillip K. Dick: “El verdadero dios mimetiza al universo, esa misma región que ha invadido”. (VALIS).  Habla en Dick, el Logos gnóstico que ve en los planetas y en los astros entidades conscientes cuyo cuerpo y mente son indiferenciables de todo el espacio celeste que ocupan. De tal forma Sophia (o Gaia) es la Tierra entera y cada una de sus partes.
Regresando a Bergson, si el universo es una máquina cuya función esencial es crear dioses -que a la vez crean universos, salvaguardando el espíritu inicial que serpenteó sobre las aguas primordiales-, ¿poderemos ser nosotros esos dioses?  Sería algo sobrebio -considerando el estado actual de las cosas- decir que los seres humanos nos despojaremos de nuestros trajes animales para deificarnos, cumpliendo nuestro destino creativo, aleando la chispa divina del ave con la serpiente, la poiesis superlativa de nuestra imaginación, diseñando planetas, sistemas estelares, galaxias y hasta un universo… descargando nuestra conciencia al espacio sideral y encendiendo la luz de las estrellas con nuestro espíritu. Y, sin embargo, esto, al menos, es una posibilidad.
La posibilidad de que el universo mismo nos este empujando, como puntas de lanza, dentro de ese canto a la diversidad que es la biología (cósmica), para crear nuevos universos, nuevos reflejos de una misma fuente de luz de cristal, variaciones sobre el mismo tema de la eternidad (como la música de Steve Reich sonando en el espacio infinito de Pascal, como los fractales de la noche universal en las solapas de un frac). Semillas cuya flor eclosiona en una galaxia y cuya raíz penetra un agujero negro.
La posibilidad de que la conciencia misma, el código fuente que se autorreplica como un virus, necesite un vehículo para despertar, recordar y materializar su proyecto de creación. Y que nosotros seamos ese vehículo, esa extensión de la máquina del universo a través de la cual dios se reproduce.
Una posibilidad ya que si dios creó el universo a partir de sí mismo -a imagen y semejanza, con polvo holográfico- ¿y con qué otra cosa lo pudo haber creado? Si sólo una cosa podría haber existido en el origen, él mismo. Si dios se infundió a sí mismo en su creación, entonces es probable que querría ver que al menos algunos de sus vástagos, de sus copias más logradas, de sus máquinas oníricas, crecieran y fueran como él. De la misma forma que un padre busca que su hijo domine su oficio y de la misma forma que un padre o una madre quiere que sus hijos tengan hijos para así perpetuarse, tal vez dios quiera -secretamente fomentando nuestra rebelión- que creemos nuevos universos y nos convirtamos en dioses.