lunes, 7 de noviembre de 2011

TEORÍA DEFINITIVA DE HAWKING

Noticia publicada Domingo 7 de Julio de 2002

¿Demostrará que Dios no existe?
EL CONTROVERTIDO físico presentará el viernes, en la Universidad de Newton, su última hipótesis sobre el origen del mundo. No hubo ningún Creador, sostiene Hawking, pese a que él dice que no es ateo

PABLO JÁUREGUI

El Universo nació sin ayuda de Dios. El origen de nuestro mundo puede explicarse perfectamente sin tener que recurrir a supuestas intervenciones divinas. Los seres humanos, por lo tanto, deberían dejar de creer en un ser invisible y omnipotente cuya existencia no tiene ninguna base científica.

Éste es el mensaje que quiere transmitir el físico más famoso del planeta, tras décadas de investigaciones, reflexiones y meditaciones sobre una silla de ruedas. Stephen Hawking, que hoy regenta la Cátedra de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, ha decidido emular al gran filósofo alemán Friederic Nietszche y proclamar que Dios, definitivamente, ha muerto.

En su best-seller de 1998 Breve Historia del Tiempo, Hawking dejó claro que sus teorías cosmológicas dejaban «muy poco espacio» para la idea de un Dios Creador. Este físico británico, que nació en Oxford el 8 de enero de 1942 (el mismo día que murió Galileo Galilei 300 años antes), afirmó en su libro que Dios le parecía un concepto superfluo para explicar el origen del Universo.

LA QUINTA DIMENSIÓN
Según Hawking, la evidencia científica sugiere que jamás existió un momento específico en el que el mundo se creó, por tanto no hay motivo para admitir la existencia de un Creador. El Universo, afirma, no parece tener «ni fronteras, ni límites, ni principio, ni fin», y siempre ha sido un ente «autosuficiente». Desde este punto de vista, dice que Dios es una idea que sobra, ya que no es necesario recurrir a ella para explicar el nacimiento ni las características de nuestro mundo.

Ahora, el famoso científico quiere ir un poco más lejos. El próximo 12 de julio, pronunciará una conferencia en Cambridge, donde está previsto que exponga su visión atea del Universo. Según declaraciones citadas por The Sunday Times, el físico va a anunciar que por fin ha logrado completar «una teoría sobre el origen del Universo que no necesita la participación de Dios».

Al parecer, sus últimas investigaciones le han llevado a concluir que el big bang, el Universo y el tiempo físico están inmersos en una quinta dimensión diferente a las tres dimensiones del espacio que percibimos y la cuarta dimensión en la que vivimos: el tiempo.

Según el científico, las condiciones de esta quinta dimensión desencadenaron el estallido cósmico que dio origen al Universo hace unos 15.000 millones de años. Este descubrimiento confirma que «no es necesario apelar a algo que esté fuera del Universo para explicar su origen».

Teniendo en cuenta la teoría irreligiosa que defiende, es curioso que su vida haya sido definida por algunos médicos como un «milagro» difícil de explicar. En 1963, cuando tenía 21 años, al joven Hawking se le diagnosticó una esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que ataca a las células motoras del cuerpo, paralizando gradualmente a sus víctimas. Lo normal es que una persona que cae en las garras de este trastorno muera en menos de cinco años.

No obstante, a pesar de que se quedó totalmente inmovilizado, el profesor Hawking ha cumplido 60 años en enero de este año, imponiéndose a su enfermedad de una forma tan insólita que ni sus propios médicos logran comprender.

Según ha confesado, lo que le permitió sobrevivir fue el apoyo de su primera esposa, Jane Wilde, a la que conoció un año antes de caer enfermo y con la que tuvo tres hijos. «Fue Jane la que me dio un motivo para vivir», ha declarado el famoso científico.

Jane a diferencia de su marido, siempre fue una mujer muy religiosa y, según sus palabras, «sin mi fe en Dios, jamás hubiera podido vivir en esta situación y no hubiera podido casarme con Stephen, porque no hubiera tenido el optimismo que necesitaba para enfrentarme a este desafío». En este sentido, podría decirse que Dios le salvó la vida a este científico ateo.

No obstante, tras el éxito de su libro, Hawking se divorció de Jane Wilde y poco después se casó con una de sus enfermeras.Sin duda herida por esta traición, Wilde escribió un libro polémico sobre su exmarido en el que le definió como un «tirano» con «el cuerpo de una víctima del Holocausto y las necesidades de un bebé».

Mucho antes de estudiar Matemáticas y convertirse en un célebre físico, Hawking ya tenía muy clara su actitud hacia todo lo que tuviera que ver con la religión. Su madre, Isabel, que fue la gran influencia en su vida, pertenecía al Partido Comunista de Inglaterra, y le inculcó desde niño la idea de que Dios era un mito inventado por los poderosos para explotar a los esclavizados trabajadores. No es de extrañar que cuando tenía 13 años, el ídolo de Hawking fuera el filósofo Bertrand Russell, un ateo militante que escribió un famoso ensayo titulado Porqué no soy cristiano.

No todos los científicos comparten la visión atea de Hawking.Es falso creer que la ciencia y la religión son enemigas irreconciliables; algunos científicos no ven ninguna incompatibilidad entre la investigación y la fe. Un ejemplo es Charles Townes, el físico que inventó el láser, quien considera que la regularidad de la naturaleza refleja la existencia de un «diseño inteligente».

Francis Collins, el prestigioso investigador que encabeza el Proyecto Genoma en Estados Unidos, también cree que no existe ningún conflicto lógico entre la Teoría de la Evolución y el concepto de un Dios Creador. Y uno de los cosmólogos más prestigiosos del mundo, Allan Sandage, afirma que es perfectamente compatible ser científico y creyente.

De hecho, una encuesta publicada por la revista Nature en abril de 1998 reveló que un 40% de los científicos sigue creyendo en Dios. El otro 60% se divide entre un 45% que se define ateo y un 15% que se mantiene en la frontera escéptica del agnosticismo.

Al mismo tiempo, la Iglesia durante los últimos años también ha empezado a dar pasos para crear un nuevo clima de paz y entendimiento con los científicos. El Vaticano ya ha pedido perdón formalmente por su intolerante persecución de Galileo Galilei, y en 1996 el Papa Juan Pablo II reconoció que las ideas de Darwin «son más que una mera hipótesis».

En medio de este clima, prestigiosas universidades como Cambridge o Princeton han creado cátedras dedicadas exclusivamente a la reconciliación entre la religión y la ciencia. En Estados Unidos se han creado varias instituciones con este objetivo. Estos gestos son sorprendentes, si tenemos en cuenta que, en 1981, la Academia Nacional de las Ciencias en EEUU declaraba oficialmente que «la religión y la ciencia son esferas desligadas e incompatibles del pensamiento humano».

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